viernes, 23 de mayo de 2008

Aguardando el viaje.

Me siento abatida. Mi viaje no logró concretarse. Los caminos se cortaron a causa de un temporal. Puentes cayeron y con ellos mis ilusiones de estar en Temuco junto a mis amigas.

Me levanté super temprano hoy -tipin 7 de la mañana- todo con tal de que no me dejara el bus. Pero mis planes de viaje, que escepcionalmente había finiquitado de forma diligente, se ahogaron con las malas noticías de las inundaciones y los desbordes de ríos al sur de Chile.

"Ningún bus podrá llegar más allá de Curicó y los que no alcanzaron a cruzar deberán devolverse a sus terminales de orígen" fue la sentencia. El personaje escondido tras la ventana de la caseta de venta de pasajes no pudo hacer mas que timbrarme el boleto que la tarde anterior había comprado. También tuve la opción de exigir el dinero de vuelta, pero por ahora confío en que las cosas mejorarán y podré viajar pronto.

De vuelta en el depto y con un espléndido sol que empezaba a lucirse, encedí la tele, ví la tendalada que arruinaba las carreteras del sur y que interrumpía la conexión de la mitad del país. Me puse pijamas y me largué a dormir en el sillón pensando en que si Chile no estubiera tan centralizado seguramente no tendrían que trasladar puentes mecanos desde Santiago cada vez que ocurre una emergencia.

lunes, 12 de mayo de 2008

Puntito

A ese punto negro de la foto le gustaba pisar las posas de agua con sus botas de goma, comer chicle y que su mamá le leyera cuentos. Siempre quiso un perro o un gato pero no la dejaron.

Sus cumpleaños siempre eran un acontecimiento, en el sentido de que para esas fechas el clan Andrade (la gran familia de keilina) estaba casi por completo en Queilen y celebraba cuanto nacimiento se evocara. Cabe destacar que casi todos los parientes del puntito, alias pajarito (como le decía su papá), estaban de cumple en enero y febrero. Y mas aún hasta aniversarios de matrimonios había entre medio, por lo tanto las semanas avanzaban tan repentínamente que entre festejo y festejo se le escurría el verano.

La mamá del puntito le preparaba las mejores tortas, siempre llenas de sorpresas y con figuras entretenidas. En este caso, un parque de diversiones de chubi y merengue que como muchos otros pasteles, antes de terminar el cumpleaños, ya no tenía adornos y las marcas de pequeños dedos delataban a los bandidos.