Al principio no entendí cuando la Vanessa, mi reciente amiga mexicana, me dijo: ¿pero eso lleva "s" o no?. Raro el comentario, porque ambas hablamos castellano y supongo que aunque no pronuciemos bien, el contexto aclara las palabras, no?.
Lo otro que me dí cuenta es que mi vocabulario tiene "caleta" de modismos y por lo mismo a ratos la Vanessa interpretaba cosas distintas o simplemente quedaba "colgada" de mis dichos.
En fín, al parecer los chilenismos también han perdido sus "eses" -y alguna que otra letra - o peor aún, quizás nunca los tuvieron!. Lamentablemente luego de esta mágica retrospección, sin quererlo, comencé a descubrir indudables omisiones que antes notaba sin darle mayor importancia.
Obviamente no quiero volverme una académica de la lengua, pero no está de más cooperar para no castrar el lenguaje.
