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sábado, 16 de julio de 2011

El proyecto familiar

Ahora si que ha pasado tiempo y agua bajo este río. Desde la última vez que escribí, mis padres, hermano y yo hemos iniciado un nuevo proyecto familiar, un pequeño hotel en nuestro pueblo Queilen.

Claro, no es un 5 estrellas, pero estamos avanzando en eso de ofrecer un buen servicio, si hasta nos hemos preocupado de que el asunto tenga internet wifi, camas nuevas y cómodas, y lo más importante, un ambiente acogedor y cálido como sólo en Chiloé se puede dar.

Sin falsa modestia puedo decir que nuestro hotel, que se llama Yatehue en honor a nuestra historia familiar, es lo mejorcito que hay en mi pueblo y de seguro, si es que nos visitan en verano o vacaciones, sabrán de qué les hablo.

Así que chiquillos y chiquillas, si planean visitar el sur de Chile y en especial Queilen, no duden en buscar alojamiento en la extención de mi casa, el Hotel Yatehue.

Aquí les dejo algunos datos que pueden ser de utilidad:
fono:(65) 611323
e-mail: hotel@yatehue.cl




domingo, 14 de junio de 2009

Nostalgia de Domingo Lluvioso


Hace bastante rato que Santiago necesitaba un remojoncito. Hoy no logro divisar todos los edificios desde mi ventana, pero el panorama es más alentador que la suciedad de un día normal de smog.
Debe ser que en días como éste terminaba de armar mi bolso para partir a estudiar. Clásico domingo, tipín 5 de la tarde, tras tomar once, cepillaba mis dientes, daba los últimos saludos al perro, beso eterno a mi mamá y partía rumbo al terminal donde mi papá me despedía con un abrazo.
La horas se hacían segundos en aquellos años de liceo y leseo, donde no importaba mucho estar fuera de casa, total el fín de semana regresaba. Lamento no haber aprovechado más esos desayunos en la cama de mis papás y la siesta con mi perro luego de almorzar. Afortunadamente, el bus y las imágenes que avanzaban por el vidrio empañado eran una buena forma de desconectar los dos puntos. Un transición lenta y necesaria.


En aquel instante no lo extrañé, es más, me parecía natural salir de casa y educarme fuera. Era la situación de muchos otros queilinos. Pero ahora, a mis cortos 22 años, siento que faltó un poquito de regaloneo familiar. Vivo sola con mi hermano y según lo que he podido balancear con respecto al resto de mis compañeros de curso en la Universidad, el teléfono no basta cuando se está creciendo.


Yo no temo vivir lejos y aperrar sola porque sé que me las puedo. En cambio, temo no seguir necesitando ese cariño de hogar.