viernes, 4 de septiembre de 2009

ALZANDO LA VOZ


Buenos días! Fue la palabra que me despertó de mi aletargamiento mañanero.
Con voz fuerte y ronca el chofer de la micro saludó a cada una de las personas que subían.
No es que haya estado durmiendo, pero han sido tantos los días y las horas en las que he realizado la rutina de transportarme hacia la U, que ya casi la hago automáticamente.

Pocos respondieron a la apelación -entre ellos yo- aunque con un tono no tan potente y casi con verguenza diría yo.
Es terrible la poca costumbre de saludar. Cada día me esfuerzo por saludar a casi todas las personas que veo diariamente, en especial a quienes decienden de sus departamentos por el ascensor de mi edificio. Obviamente no se sus nombres, pero creo firmemente que un buenos días le hará tanto bien a ellos como a mí, aunque a ratos se me olvide esa buena costumbre.