Hoy fue día de lavado en mi casa. Un revuelto entre la ropa roja y la blanca cuelga en la secadora que se ubica sobre la estufa a leña.Dando un vistazo rápido me percaté de que mi poleron favorito, que entre otras cosas tiene mil años de historia, ya no era el de antes: se había roto el cordón que se amarraba a la cintura.
Lo primero que dije al verlo fue: Chucha!!! Se rompió mi polerón rojo!!
Recuerdo que ese polerón de cuerpo rojo y gorro forrado con tela blanca lo mandé a hacer a 3000 two de Castro cuando - si mal no recuerdo- cursaba primero medio. Yo y 2 amigas decidimos marcar en tela la descepción que sufrío una de ellas, por eso en cada polerón tenía escrito parte de una palabra. Por lo secreto del asunto, solo puedo decir que el mío decía Na_ y correspondía al final de la palabra.Continuando con el relato, luego de mi Chucha!! y demases, mi papá también se volteo a ver y dijo: Nada es eterno.
Estube bastante rato diré, pensando en esa frase tan común pero tan cargada de significado. Tanto, que todavía la pienso, pero eso sí, aplicada a otros escenarios.
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