viernes, 27 de junio de 2008

Ya no vienen de París ni de un repollo...

Ufff (de nuevo)!!!!
Despúes de varias horas, en las que yo respiraba mas rápido que la misma madre embarazada, nació la Feña. Gordita, linda y sanita. Mis babas se caían solas en el momento que la llevaron a la pieza. (Todavía sigo babeando en todo caso)
Reconosco que nunca me llamaron la atención los cabros chicos, especialmente a la edad en que comienzan a hacer preguntas que yo no se responder, pero en este caso, todo era emocionante y soberbio. La guagua era bacán y re-piola!
De una hinchada pancita salió un ser tan indefenso y con tanta vida por delante. Ya se que suena cursi, pero no logro encontrar mas palabras para esta nueva vida en proceso. La miré y apenas me aguante las ganas de llorar. Era tan mágico todo.

Esa noche no dormí pensando a que hora salía la guagua. Apilada junto a la Pía en un sillón-cama contemplé durante todas esas horas la guatita de la Doris. Si se movía la mamá, yo saltaba.
¿Cómo van las contracciones? era mi pregunta básica. No tenía idea de bebes hasta ahora.

Creo que faltó un poco de educación en el colegio. Es obio que sé cómo se origina la vida y todo eso, pero en materia de embarazos y nacimientos quedé plop! con casi todo.

Para que hablar de mudar una guagua... El jueves, recién experimenté lo que se siente estar frente a frente con un poto cagado. Guacatela!!
Y como la Feña no se hace problema, practicaré un poco esto del cuidado de las nuevas vidas, porque supongo que algún día tendré los míos y me las tendré que mamar a la hora de cambiarlos.


pd: Entre otras cosas la Feña se llama oficialmente Javiera Fernanda, pero como está llena de "Javieres" la familia, yo y otros, dictatorialmente, decidimos llamarla así.

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