lunes 3 de noviembre de 2008

Ojos que podían soñar

Hoy en mi desvelo llegué hasta Yatehue (Quellón) en esos tiempos en que la lancha de Don Yemo era el medio de transporte.

Desde hace mucho tiempo le tengo respeto al mar, quizás desde aquel día de Verano, en un paseo a los "orígenes familiares" cuando decidí correr hasta perderme.



Esa tarde estabamos todos reunidos: las damas de la antigua juventud cuidaban nuestro juego en la playa, mientras ellos, el resto de hombres y mujeres preparaban un tradicional asado.

En Yatehue me sentía libre y en casa, lo recuerdo muy bien, aunque en ese tiempo no tenía el sentido de pertenencia familiar que hoy critico y valoro tanto.

La vieja casa que aun sigue en pie, vió desde lo alto lo mi rápida carrera.

No se cómo pero me lance "al vacío" en una loca carrera por llegar hasta el mar.

Decendí la loma corriendo como nunca antes lo había hecho, solo queria sentir el aire.

Cerrando los ojos me perdí entre la arena y el mar.

Minutos después yo pataleaba en el agua mientras una mano fuerte tironeaba mi brazo.

De ese día recuerdo luces difuminadas en el agua turbia y la cara sonriente de mi tía Minche al sacarme de un ala hacia la respiración.

Y aunque el estero, un poco mas allá se volvía profundo, no alcancé a llegar tan lejos.



*****
La historia fue para unos una anécdota de un pajarito que se estrelló en la poca profunda orilla del mar de Yatehue, pero para esa Camila de patas cortas que soñaba en grandes dimensiones, un gran mar que casi se la engulle solo por no abrir los ojos en medio del juego.