sábado, 29 de noviembre de 2008

Discapacitada a mi manera.

(a propósito de la teletón)

Creo que el algún momento de mi vida anulé mi corazón. Ya no sé sentir cuando hace falta amor en mi vida diaria. Mucho menos recuerdo que el cariño familiar se cultiva con sencillas vistas o llamadas.

No se en que momento ocurrió esto.
Lamentablemente mi poca atención funciona cuando las cosas estallan. Creo que en ese momento funcionan los restos que quedaron discapacitados pero no anulados.

Hoy discutí con mi madre. Mal. Cree que la defraudé porque no estoy cuando se me necesita.

Yo por mi parte lo tengo claro. Creo que lo he sabido desde siempre. Nunca he sido un ejemplo de cariño y amor. Siempre me preocupe de obtener las mejores calificaciones, de obtener logros tangibles y superaciones personales importantes, pero nunca me preocupe de mantener y acrecentar el regalo de la familia.

Hoy estoy triste, pero ya pasará. Total siempre sobrevivo.

Lo único malo es que creo que esta imposibilidad de recibir y dar cariño espontaneamente se ha entumecido aún más desde que vivo en Santiasco. La contaminación capitalina caló en mis huesos y cada día soy mas individualista.

No me sorprendería despertar un día y darme cuenta que no tengo tantos seres queridos, solo por no ser capaz de corresponder su cariño.

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martes, 25 de noviembre de 2008

Siempre Digna

Con los ojos hacia su mar, la conocida Joya de Copenhague, se posa sobre una roca a un costado del muelle Langelinie, a pasos de la residencia de los Reyes de Dinamarca. La Sirenita es, desde 1913, una de las mayores atracciones turísticas de la capital, pues está inspirada en el cuento del famoso fabulista nacional, Hans Christian Andersen.

Una mañana fría de febrero muchos ojos han decidido reunirse para ver esta pequeña escultura. Es invierno danés, ha nevado y el cuerpo de esta joven luce un hermoso manto albo que se derrite entre los flashes de los turistas, en su mayoría orientales.


Mas fotografiada que la misma Realeza local, la sirenita Ariel sigue sin inmutarse. Desde que en 1913, Edgard Eriksen la modelara, a petición de Carl Jacobsen como regalo para la ciudad, jamás se pensó en ella como una de las principales atracciones para quienes llegan a la capital de Dinamarca.

Inspirado en el rostro de una famosa bailarina danesa y en el cuerpo de su mujer, el escultor quiso plasmar en Den lille Havfrue (la sirenita en danés) los deseos del interesado, de dejar para la posteridad en Copenhague, la magia de los cuentos escandinavos.

Muchos tratan de encontrar una expresión a su rostro. La comparan con la Monalisa, pues luce una boca ausente de risa y una mirada que parece perdida en un horizonte marino. Y aunque varios den vuelta sus cabezas pensando en su rostro como reflejo de su mente, ella sigue allí, quieta, digna, casi sin respirar, como esperando algo, algo que ninguno de los que la observan logrará descifrar.

Mientras unos le roban un pedacito de su alma con fotografías, los guías del paseo recuerdan la historia de una joven con extremidades de pez que quiso renunciar a la vida marina por amor. Algunos visitantes, al son del mar, fantasean con el final feliz que dibujó Walt Disney, mientras otros, que si están al tanto, evocan la espuma en la que finalmente Hans Christian Andersen la convirtió, cuando, siguiendo con la línea de los tradicionales cuentos nórdicos, se inspiro para escribir aquella triste historia .

Un pequeño puente de piedras invita a acercarse y posar junto a ella, pero se debe tener cuidado, pues es fácil resbalarse. La gran roca, que sostiene sus 175 kilogramos de bronce, está cubierta de hielo y algunos dedos han incurrido en el error de tocar quedándose pegados.

Más allá, justo al frente, donde murmuran las gaviotas, se ubica el embarcadero. Los grandes barcos entran y salen de la bahía. El escenario de inigualable belleza que allí se instala, hace contrastar a una apacible sirena con la rudeza de los cargueros metálicos.


Sería terrible pensar en profanar un lugar agradable como este, pero, aunque parece un mal sueño, ha ocurrido. La estatua no sólo ha sido deshonrada con pintura roja, blanca y verde desde 1063, sino que también, en dos vandálicas ocasiones, en 1964 y 1998, la han decapitado, botando la pieza al mar.

Y aunque estos acontecimientos fueron en su momento una desgracia, la Sirenita ha tenido la gracia de Tritón y de quienes habitan la tierra, pues siempre logran suplir la carencia. Si no es encontrado el trozo, existen moldes de todo su cuerpo para reponer todo en su justo lugar.

Ya ha pasado una hora, el viento sopla fuerte y los últimos retratos de la bella joven son captados por las extravagantes cámaras chinas. Las últimas personas se van retirando y ella sigue igual. Sabe que quienes se retrataron con ella, simplemente se contentarán su foto y como siempre, la volverán a abandonar junto al mar en el muelle de Langelinie, tras cumplir con el corto tiempo establecido para la visita.

sábado, 8 de noviembre de 2008

Las 10 y más razones por las cuales no debo morir pronto...

... o sea mientras me queden cosas por hacer.

1.- Porque no tengo ganas de despacharme tan pronto.
2.- Porque dentro de mis proyectos está volver a DK, por último de paseo.
3.- Porque me falta un romance de verano.
4.- Porque debo plantar un árbol.
5.- Porque quiero escribir un libro.
6.- Porque quiero planear bien mi funeral.
7.- Porque debo poblar la tierra con 4 hijos, según me dijo una tarotista.
8.- Porque quiero mi blazer y una moto... aunque sean esas las razones que me cuesten la vida.
9.- Porque quiero ver el transantiago funcionando a la perfección.
10.-Porque quiero una casa frente al mar con un lindo balcón y a un costado un arbol con un columpio.
11.-Porque quiero hacer un reporteo " el reporteo del siglo"
12.-Porque quiero dejar de pelear con mi madre.
13.- Porque quiero querer aun mas.
14.- (en proceso)
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lunes, 3 de noviembre de 2008

Ojos que podían soñar

Hoy en mi desvelo llegué hasta Yatehue (Quellón) en esos tiempos en que la lancha de Don Yemo era el medio de transporte.

Desde hace mucho tiempo le tengo respeto al mar, quizás desde aquel día de Verano, en un paseo a los "orígenes familiares" cuando decidí correr hasta perderme.



Esa tarde estabamos todos reunidos: las damas de la antigua juventud cuidaban nuestro juego en la playa, mientras ellos, el resto de hombres y mujeres preparaban un tradicional asado.

En Yatehue me sentía libre y en casa, lo recuerdo muy bien, aunque en ese tiempo no tenía el sentido de pertenencia familiar que hoy critico y valoro tanto.

La vieja casa que aun sigue en pie, vió desde lo alto lo mi rápida carrera.

No se cómo pero me lance "al vacío" en una loca carrera por llegar hasta el mar.

Decendí la loma corriendo como nunca antes lo había hecho, solo queria sentir el aire.

Cerrando los ojos me perdí entre la arena y el mar.

Minutos después yo pataleaba en el agua mientras una mano fuerte tironeaba mi brazo.

De ese día recuerdo luces difuminadas en el agua turbia y la cara sonriente de mi tía Minche al sacarme de un ala hacia la respiración.

Y aunque el estero, un poco mas allá se volvía profundo, no alcancé a llegar tan lejos.



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La historia fue para unos una anécdota de un pajarito que se estrelló en la poca profunda orilla del mar de Yatehue, pero para esa Camila de patas cortas que soñaba en grandes dimensiones, un gran mar que casi se la engulle solo por no abrir los ojos en medio del juego.